EN QUÉ CREEMOS
Somos una iglesia cristiana que reconoce a Jesucristo como Señor y Salvador, y que busca fundamentar su fe y su práctica en las Sagradas Escrituras. Procuramos vivir y compartir la sana doctrina, siguiendo las enseñanzas de la Palabra de Dios y poniendo a Jesucristo en el centro de nuestra fe y de nuestra vida como iglesia.
Nuestra Declaración de Fe
Esta declaración resume las principales convicciones bíblicas que compartimos como iglesia y que orientan nuestra fe, nuestra enseñanza y nuestra vida cristiana.
1. Las Sagradas Escrituras
Creemos que Las Sagradas Escrituras, compuestas por 66 libros del Antiguo y Nuevo Testamento, son inspiradas por Dios mediante la acción del Espíritu Santo y constituyen la única regla de fe y práctica para todo cristiano.
Nos basamos en 2 Timoteo 3:16-17 «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».
2. Dios, Creador y Sustentador
Creemos que Dios es omnipotente, omnisciente y omnipresente, Creador y Sustentador del universo, y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Nos basamos en Génesis 1:1 «En el principio creó Dios los cielos y la tierra»; Deuteronomio 6:4 «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es»; Colosenses 1:17 «Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten»; Hebreos 1:3 «el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».
3. La persona del Señor Jesucristo
Creemos que el Señor Jesucristo es:
- Verdadero Dios. Romanos 9:5 «…vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos»; Colosenses 2:9 «Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad».
- El Hijo unigénito de Dios. Juan 3:16 «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».
- El único Redentor de la humanidad. Hechos 4:12 «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».
- La máxima autoridad de la Iglesia. Colosenses 1:18 «y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, Él que es el principio…».
- El único mediador entre Dios y los hombres. 1 Timoteo 2:5-6 «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…».
4. La salvación por medio de Jesucristo
Creemos que el sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz es completo y suficiente para salvar al ser humano y reconciliarlo eternamente con Dios. Creemos también que la salvación que Él otorga a quienes ponen su fe en Él es eterna y no se pierde.
Nos basamos en Hebreos 10:12,14 «Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados» y en 1 Juan 5:12 «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida».
5. María, la madre de Jesús
Creemos que:
- La bienaventurada virgen María fue escogida por Dios para dar a luz a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Por ello, la respetamos, pero no la adoramos. Aceptamos y creemos todo lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de ella. Lucas 1:38,47-48 «…He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra… Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador… desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones».
- María, siendo virgen, concibió milagrosamente a Jesús por obra del Espíritu Santo, sin intervención humana, y dio a luz al Hijo de Dios. Mateo 1:20-21 «…porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
6. La confesión de pecados
Creemos que debemos confesar nuestros pecados directamente a Dios y que Él, por medio de Jesucristo, concede verdadero perdón a quienes se acercan con sincero arrepentimiento y fe.
Nos basamos en 1 Juan 1:9 «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» y en Salmo 32:5 «Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado».
7. El bautismo por inmersión
Creemos que:
- El bautismo debe realizarse por inmersión en agua, representa nuestra identificación con la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo y es un testimonio público de nuestra fe en Él. Romanos 6:3-4 «…todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte; Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva».
- El bautismo es un acto de obediencia a Dios que debe realizarse de manera consciente y voluntaria, después de haberse arrepentido de los pecados y haber puesto su fe en Jesucristo como Señor y Salvador. Hechos 2:38 «Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…» y Hechos 2:41 «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados…».
- El bautismo es un requisito para ser recibido como miembro en comunión de una iglesia local, pero no otorga la salvación, ya que esta se recibe previamente por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. Efesios 2:8-9 «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras…».
8. La resurrección y el destino eterno
Creemos que:
- Todas las personas resucitarán y enfrentarán un destino eterno. Nos basamos en Daniel 12:2 «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua»; y en Mateo 25:46 «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».
- Quienes creen en Jesucristo como su Salvador personal recibirán la vida eterna y estarán para siempre con Él. Nos basamos en Juan 5:24 «…el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida»; Juan 14:1-3 «…voy, pues, a preparar lugar para vosotros… para que donde yo estoy, vosotros también estéis»; y 1 Tesalonicenses 4:13-18 «…los muertos en Cristo resucitarán primero… y así estaremos siempre con el Señor».
- Quienes rechazan consciente y voluntariamente el amor y la gracia de Dios, ofrecidos por medio de Jesucristo, enfrentarán la condenación eterna. Nos basamos en 2 Tesalonicenses 1:8-9 «…a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor…».
9. Los dones espirituales
Creemos que:
- Dios concede dones espirituales a todos los creyentes cuando reciben a Jesucristo como Salvador, para contribuir al crecimiento y fortalecimiento espiritual de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Nos basamos en Efesios 4:4-13 «…a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo… para la edificación del cuerpo de Cristo».
- Los dones de apóstol, sanidad, lenguas, interpretación de lenguas y profecía, tal como se manifestaron en la Iglesia del primer siglo, estuvieron limitados a ese período y ya no se encuentran vigentes. Nos basamos en 1 Corintios 12, 13 y 14.
10. La recepción de miembros de otras iglesias
Creemos que para recibir como miembros a creyentes provenientes de otras iglesias bíblicas, es necesario presentar una carta de recomendación firmada por los responsables de su congregación anterior.
Nos basamos en Hechos 18:27 «…los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen…»; y en Colosenses 4:10 «…Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle».
11. La disciplina espiritual
Creemos que la disciplina espiritual sigue siendo una práctica bíblica necesaria dentro de la Iglesia y debe aplicarse cuando un miembro persiste en conductas contrarias a las enseñanzas de Dios, como:
- La inmoralidad. Nos basamos en 1 Corintios 5:11 «…si alguno llamándose hermano fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aun comáis».
- Las falsas enseñanzas contrarias a la sana doctrina. Nos basamos en 1 Timoteo 1:10 «…y para cuanto se oponga a la sana doctrina».
- Las conductas desordenadas y contrarias a las enseñanzas recibidas. Nos basamos en 2 Tesalonicenses 3:6 «…que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros»; y en 2 Tesalonicenses 3:14 «…señaladlo, y no os juntéis con Él, para que se avergüence».
- Las actitudes que provocan divisiones dentro de la Iglesia. Nos basamos en Romanos 16:17-18 «…que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos».
- La falta de arrepentimiento ante el pecado. Nos basamos en Mateo 18:17 «Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano».
12. La mujer cristiana en la Iglesia
Creemos que la importancia, el servicio y las responsabilidades de la mujer cristiana dentro de la Iglesia deben establecerse conforme a las enseñanzas de la Palabra de Dios, y no según las opiniones humanas o las costumbres culturales que cambian con el tiempo.
Nos basamos en 1 Corintios 11:8-10 «Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón… Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles»; y en 1 Timoteo 2:11-14 «La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio…».
13. El diezmo y las ofrendas
Creemos que el diezmo era una práctica establecida bajo la Ley del Antiguo Testamento, pero que actualmente, bajo la gracia de Dios, nuestras contribuciones deben realizarse de manera voluntaria, con generosidad y alegría, reconociendo que todo lo que tenemos le pertenece a Él.
Nos basamos en 2 Corintios 9:7 «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre».
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